Than nothing, than flowers

Esta entrada trata sobre la fabricación y publicación de mi libro de fotografía que podéis comprar aquí (aunque llamarlo libro de artista sería una definición algo más acertada). Creo que este es el proyecto que he realizado con más rapidez de todos los que he hecho, aunque no creo que por ello haya perdido calidad, ya que el proceso ha sido algo bastante fluido desde el inicio; y por ahí empezaré el texto.

Basho:

木のもとに
汁も膾も
桜かな
Underneath the trees
soups and salads are buried
in cherry blossoms

En abril de 2017 viajé a Japón. En un principio se planteó como un viaje de vacaciones para disfrutar del lugar, ver monumentos, comer (COMER) y hacer algunas fotos para el álbum familiar. El problema es que me gusta la fotografía bastante (incluso mucho), y mirando lugares a los que ir, empecé a mirar también librerías donde comprar fotolibros, tiendas de cámaras de segunda mano y museos y galerías relacionados con la imagen fotográfica. Como quería tener suficiente información al respecto decidí, en un alarde de ingenio y valentía, mandar un mensaje a Gabriela Cendoya, de quien sabía más bien poco en ese momento, aparte de que era una ávida coleccionista de fotolibros y que, por lo tanto, algo debía saber al respecto. Después de contarle lo que había planeado (solo para Tokyo) me dijo que probablemente tenía más información sobre librerías de Japón que ella, y que en los fotolibros, como en todo en la vida, la cosa va por gustos, que mirara y me llevara los que me interesaran a mi, que para eso era el que los iba a comprar y disfrutar. Parece que me estoy desviando del tema, pero no, todo tiene una relación. Gabriela me puso en contacto con Ricardo Garrido, que vive en Tokyo, para que me informara sobre lugares que podían ser interesantes, y Ricardo me recomendó visitar el TOP Museum y me dijo que había un lugar llamado Reminders Photography Stronghold, que llevaba una tal Yumi Goto, que era muy interesante. En aquel momento no le di mucha importancia a esta información. Busqué dónde se encontraba la galería de Yumi Goto y lo apunté en el mapa que habíamos creado para cada una de las ciudades que íbamos a visitar. Una vez en Tokyo, por unos y otros motivos (siendo el principal la extensión de la ciudad y el secundario el tiempo limitado del que disponíamos) no llegamos a visitar la casa de Yumi.

Durante los primeros días del viaje, en Kyoto, compré una cámara analógica excelente, que Adela apodó C3PO, por ser dorada y negra, como el robot de Star Wars. Con esa cámara y la digital compacta que llevamos realizamos muchas fotografías durante todo el viaje. Comprar la cámara y hacer muchísimas fotos con ella (13 carretes o 450 fotos aproximadamente) no fue fruto de la casualidad. Había un plan premeditado de comprar una cámara compacta analógica y hacer una serie de fotos con la intención de hacer algo, un proyecto, una serie, un algo, sobre Japón. A lo largo del viaje la idea de lo que fotografiar con la analógica fue tomando más forma, buscando imágenes de los cerezos en flor (ya que era la temporada alta del hanami y pudimos ver todos los estados de los cerezos desde recién florecidos a casi vacíos de flores), haciendo fotos a gente en el metro y trenes y más o menos buscando un vínculo entre las dos cosas.

También fuimos guardando folletos, papeles, tarjetas y pequeñas revistas con la intención de escanearlas y hacer algo con ellos. Con las fotos reveladas y una idea más o menos de lo que quería contar, que era sobre la celebración de la floración de los cerezos (hanami), fui haciendo distintas ediciones de las imágenes, con más o menos fortuna y más o menos cohesión. También empecé a investigar sobre la celebración y los significados que tiene en japón, y lo que veía en las imágenes que tenía. La primera selección que hice y más o menos secuencié estaba relacionada con el paso del tiempo en la vida, con la fugacidad y el “mono no aware” (este concepto es importante). Un poco instintivamente empecé a probar cosas con las imágenes, como pintar con acuarelas y colores rosados sobre ellas, hacer origami de flores con ellas y buscar formas de trasladar esa sensación a las fotografías (o buscar las fotos que mejor lo transmitieran).

La primera versión del proyecto, por probar, la envié a un concurso de PDF del festival de fotografía de Arles, en Francia. Poco antes de ir a Japón también habíamos planificado la visita a la semana de apertura del festival, y aunque no me dio tiempo a llevar las fotos para ningún visionado oficial o extraoficial, allí me planté (al final solo porque Adela trabajaba) para ver qué se hacía y qué se iba a hacer en la fotografía este año. El festival de Arles, por cierto, fue en los primeros días de julio. Antes de eso había visto que en Getxophoto, otro festival que se organiza en Bilbao (en Getxo), habían preparado un curso de realización de fotolibros con Yumi Goto y Juanan Requena. Para ser seleccionado para el curso había que mandar un proyecto en el que se fuera a trabajar durante el taller, y yo mandé una pequeña selección de las fotos de Japón (la segunda o la tercera que hacía) y una breve descripción de lo que pretendía contar con las imágenes.

Volvemos a Arles, julio de 2017. En un principio iba a ir el martes por la mañana y llegaría por la tarde, pero vi en el programa que el martes había una charla sobre fotolibros impartida entre otros por Yumi Goto. A las 3 de la tarde del lunes (aproximadamente), salí de Murcia y 11 horas y muchos peajes después llegué a Arles. Durante la charla, que fue muy interesante, coincidió que estaba sentado junto a Yoshiko Mogi, Miyuki Okuyama (ganadora del premio a mejor maqueta en Cortana on the move), Mayumi Suzuki, Kenji Chiga y Miki Hasegawa, que habían participado en cursos previos de Yumi, que llevaban cada una su maqueta bajo el brazo (figuradamente).

Tras la charla me acerqué a Yumi y me presenté, le dije que estaba trabajando en un proyecto sobre el Hanami y Japón, y me miró con cara un poco rara, como diciendo “no sabes dónde te has metido”. Charlamos un rato mientras le explicaba lo que pretendía contar y lo que sabía sobre la celebración. Me dijo que el hanami es algo más profundo que simplemente la celebración de la primavera en la que los japoneses salen a los parques a comer y beber, que, por decirlo llanamente, me estaba metiendo en un berenjenal importante, pero que le gustaría saber más y ver a dónde llegaba. Durante el resto de días del festival nos encontramos un par de veces más y pude ver algunas de las maquetas o libros de artista que había traído. El nivel de cuidado que tenían todas ellas era impresionante, y estaba decidido a sacar el máximo partido posible del taller de Getxo, si me cogían (en Arles aún no había terminado el plazo de presentación). Yumi me dijo que no me preocupara por eso, y me presentó a Arimasa, que también se había apuntado al taller, y estaba haciendo un proyecto sobre su relación con su novia, que había muerto de cáncer hacía pocos años. Y también me encontré con Juanan Requena, el último día vino a cenar con nosotros y le dije que estaba apuntado al taller. Al volver a Murcia vi que había sido seleccionado para el taller, así que me puse a preparar todo el material que nos habían pedido para los primeros días del curso y a buscar dónde quedarme en Bilbao.

Durante el verano, aproveché la visita a la familia para hacer unas cuantas fotografías más a cerezos agitados por el viento, ya sin flores. En Murcia estuve haciendo pruebas con cerezas, poniéndolas en recipientes, viendo cómo se iban descomponiendo, y leyendo la Novela de Genji, de Murasaki Shibiku, de donde saqué uno de los textos incluido en el libro. El otro texto lo encontré buscando haikus sobre hanami y sobre cerezos, y tenía otros textos seleccionados que al final no aparecen en el libro pero que hablaban de lo mismo, del paso del tiempo, de la fugacidad de la primavera (y de la juventud) y de los cerezos. Otra prueba que hice fue colocar las flores de origami con la forma del mapa de japón, y hacer pétalos de color rosa, emulando las flores de cerezo, para hacer otro mapa de japón que fui soplando poco a poco en una serie de fotografías. También había encontrado, en la página de la biblioteca del congreso de los EEUU (www.loc.gov) una serie de ilustraciones de flores de cerezo y de grabados sobre Hanami, todos libres para su publicación y uso. A finales de agosto, fui a Bilbao con la maleta cargada de las fotos que había sacado para la primera sesión del taller y el disco duro lleno de todas las fotos que había hecho en el viaje y para el proyecto, tanto analógicas como digitales.

En este momento tenía dos líneas más o menos definidas dentro de las fotos. Una línea que consistía en imágenes de los cerezos, de pétalos y de la gente celebrando, y otra línea de fotografías de personas en el metro y los trenes en las que el color rosa pálido y los motivos de flores se habían utilizado como “disparador”; y aparte de esto tenía todos los elementos escaneados del viaje. Durante la primera sesión pusimos todas las imágenes que habíamos seleccionado en la pared (una selección amplia en mi caso, ya que la línea exacta de las imágenes estaba algo difusa).

Después de esto y de explicar las imágenes y lo que queríamos contar cada uno, pasamos a una sesión de comentarios sobre el trabajo de los compañeros, y gracias a ellos me dí cuenta de que había una gran dispersión dentro de la selección, que había imágenes que eran demasiado explícitas y que se salían del concepto de “mono no aware”, que era el hilo principal que había decidido (y que más aparecía durante la preparación del proyecto). También había imágenes que tenía en el disco duro que había realizado con la compacta digital (y que en un primer momento consideraba como “inferiores”). Con la ayuda de Yumi y Arimasa pude ir quitando las imágenes que se perdían más del concepto teniendo en cuenta un público japonés, que era algo que quería tener muy en cuenta para no hacer un trabajo irrespetuoso o chabacano sobre el tema, desde mi punto de vista (y confirmado por Yumi), tenía que ser algo sutil, pero claro. En la claridad me vino muy bien el consejo de Juanan, que me ayudó a ver las fotografías que eran poco claras, en las que había ruido y sobraban cosas que sacaban del concepto al espectador externo.

Ahora tenía una selección mucho más pequeña que al principio, la pared casi vacía, y con esto comenzó una nueva búsqueda entre las imágenes descartadas previamente en el disco duro, buscando fotografías más acorde con esta última selección que fueran fieles al concepto. Daba igual en este momento la calidad o la procedencia, servirían para orientar la primera maqueta en papel y delimitar un poco la narración del libro. Con el disco revisado, Yumi fue pasando por los ordenadores de cada uno, ayudando con la edición y aportando su punto de vista teniendo en cuenta el concepto. Con la selección que hicimos, yo tenía un poco de miedo de tener muchas fotos muy parecidas, pero Yumi insistía en que no me preocupara, que fuera preparando la maqueta en papel con esa selección para ver lo que salía y empezar después a depurarla en indesign.

Selección previa a la maqueta en papel

Durante el fin de semana hicimos una maqueta en papel, pegando las fotografías y ordenando la secuencia de imágenes que teníamos para contar nuestra idea. Hacer esto nos ayudaba a ver la fluidez de las imágenes, a hacernos una idea del tamaño y del contraste entre unas imágenes y otras, así como a ordenar mejor y ver dónde podían faltar imágenes y dónde había que quitar. Con las fotos en la pared como se ven en la imagen fue donde me dí cuenta de que había una serie de similitudes entre algunas fotografías y los grabados de hace más de 100 años que había encontrado, y tenía que explorarlo de alguna forma en el libro.

Tras la maqueta en papel, hubo una sesión de puesta en común y fuimos recibiendo ideas de Yumi, Juanan y el resto de compañeros.  A la primera maqueta que había hecho le sobraban un poco ciertos contrastes que había en la secuencia, cortes bruscos en las imágenes que cambiaban el registro de lo que se estaba contando. Yumi me dijo que tenía que utilizar la repetición de las imágenes a mi favor, utilizando imágenes similares con pequeños cambios para hablar del estado transitorio de las cosas. Giancarlo Shibayama, que estaba allí como ayudante de Yumi, me explicó que en el libro que él estaba preparando, las imágenes, al estar dobladas al estilo tradicional japonés, con el doblez hacia fuera, quedaban en contacto con la página anterior y la siguiente, algo que no me había planteado hasta entonces, pero que para la narración del libro hacía muy bien de puente y ayudaba a aportar fluidez al hilo de imágenes. Poco a poco la secuencia de imágenes se iba aclarando, y empecé a trabajar en la maqueta de indesign teniendo en cuenta cómo iba a componer finalmente el libro. El formato final elegido no podía ser muy grande, o se perdería la concreción de las imágenes que hablaban de una idea hasta cierto punto pequeña. Pensé que algo que pudiera imprimir en un A4 sería lo suficientemente grande para la idea que tenía, y también empecé a pensar en el papel que quería usar.

Durante una de las sesiones del taller fuimos a la librería Goya de Bilbao a ver papeles y materiales para las maquetas finales. Allí pregunté si tenían papel de 50 o 60 gramos, para que al doblarlo no fuera demasiado grueso y, a la vez, tuviera una cierta transparencia. También busqué entre los papeles japoneses que tenían para otra idea que tenía para aportar otra capa que tratara la idea de la fragilidad y fugacidad de la vida. La intención era cubrir ciertas imágenes del libro para que tuvieran una especie de pétalo que no permitiera ver del todo la foto. En otras imágenes se utilizó la transparencia para hacer que fueran desapareciendo. Hice una maqueta en papel normal, todavía sin el título final en mente. Quería ver la secuencia en su formato más o menos final y coserlo para ver cómo funcionaba el papel japonés.

Después de esta maqueta vino lo más difícil, buscar el título.  Accross the trees (gracias Juanan), volver del viento, volver, terminar, viaje, viento, final tránsito, cambios, pétalos, rosa, nothing you can see, nothing in the trees, la velocidad del viento, nothing in the wind, pétalos madera hojas, pétalos hojas madera, spring again, spring morning sun, than the stars, than the flowers, Than nothing, than the flowers. Entre las primeras ideas de título y la última pasó mucho tiempo, pensando en todo lo que quería contar pero no quería explicar con texto en el libro. El título final del libro es un juego de palabras con la frase japonesa “que las estrellas, que las flores” (星よりも、花よりも Hoshi Yori mo, Hana Yori mo, sugerida por Yumi) que se refiere a algo más bello que las estrellas y las flores, y en el caso del libro, “than nothing” (que nada) sería el estado del cerezo cuando aun no hay flores ni hojas, sino solo madera, un estado de futuro, que es el potencial de todos los demás estados de la vida.

 

El libro empieza con fotos de cerezos en flor y acaba con una rama de ciruelo sin flores ni hojas. Había pensado cambiar las fotografías finales por ramas de cerezo en un principio, pero mientras investigaba sobre la celebración del hanami encontré que, inicialmente, se celebraba en febrero con el florecimiento de los ciruelos, pero el buen tiempo de la época de floración de los cerezos y el hecho de que las flores cayeran del árbol por completo les hizo más populares para las masas. La flor del ciruelo quedaba en el árbol y no tenía las mismas implicaciones en cuanto a la transitoriedad y la impermanencia. Con la idea de unir el pasado con el presente, decidí dejar la rama de ciruelo como colofón del libro. El último día del taller pude hacer dos maquetas, coserlas y que Yumi se llevara una para su biblioteca en Tokyo, que es diferente a la que yo me quedé en algunos aspectos y que numeré con 0 de 85.

 

Genji Monogatari:

«Apresuraos si queréis ver los cerezos de las montañas en flor, no sea que los vientos los visiten antes».
宮人に行きて語らむ山桜 風よりさきに来ても見るべく」
“Hurry up if you want to see the blooming cherry trees in the mountains, for the winds may visit them before you”

Pocos meses separan el florecimiento de los cerezos de las tormentas de otoño que destruyen sus flores… ¡He aquí el tiempo que pensarás en mí!
嵐吹く尾の上の桜散らぬ間を 心とめけるほどのはかなさ
Little time separates the cherry blossoms from the fall storms that destroy their flowers… That is the time you will think of me!

¿Por qué hacer 85 copias? Buscando un número significativo para mi o para el proyecto, dado que hablaba de la vida, de ciclos, del tiempo que no volverá, decidí utilizar el año de mi nacimiento para marcar el número de libros que haría, marcando un momento que no volverá. Ahora que he empezado la producción he hecho algunos cambios en el producto final, que en la maqueta final quedaban algo confusos, pero que he compensado con otras pequeñas sorpresas.

Creo que con esto y con la ficha técnica queda todo bastante claro.

Ficha técnica:

 

“Than nothing, than flowers”
110 páginas
Cosido japonés a mano
Septiembre 2017,
Ediciones: 85
Tamaño: 195mm x 148mm x 15mm
Precio: 65€ más gastos de envío
Fotografías/Cosido/Traducción: Isaac Rupérez Cano
Textos: Basho y Murasaki Shibiku
Grabados en madera de la colección de impresiones pre-1915 encontrada en loc.gov
Idioma: Inglés y Japonés
Hecho en el contexto del taller Photobook as an Object en Bilbao, impartido por Yumi Goto y Juanan Requena en agosto de 2017

Mis compañeros del curso de Getxophoto:

Pablo, Juanan, Tere, Yo, Arimasa, Amaia, Diego, Yumi, Marco y Giancarlo (falta Sonia)

la maqueta de “libro” de Pablo

Sistema japonés para sortear el orden de las intervenciones

 

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Mi viaje por la fotografía 2 (Un año después)

Llevaba sin escribir un año. Desde mi última entrada han pasado muchas cosas, y he tenido la suerte de que casi todas han tenido que ver con la fotografía. Terminé mi TFM, el tribunal me puso una buena nota y me apunté a un curso con el colectivo Underphoto llamado “Otra Historia”. En aquel momento no tenía mucha idea, aparte del trabajo que había realizado, de cómo llevar a cabo un proyecto fotográfico. No sabía nada de visionados, convocatorias, festivales, ferias, fotolibros (de verdad, no catálogos).

Hacer cosas que no conozco es algo que me pone bastante nervioso, sobretodo cuando es con personas que nunca he visto. También me costaba aceptar las críticas negativas iniciales, pero durante este último año he aprendido a mejorar este aspecto y a plantearme las críticas como preguntas que me tengo que hacer sobre mis proyectos. En ocasiones sacan a la luz todos los problemas que hay dentro de la obra, en otras, puede que no hayas podido explicar bien lo que querías contar y las críticas parece que van destinadas a un proyecto muy diferente al que estás presentando. Anyway, mi visión de la fotografía y sus entresijos ha cambiado mucho en el último año.

Desde el verano de 2016 he hecho el curso de Underphoto, estoy trabajando en el proyecto que comencé durante el curso, que trata sobre mi relación con Murcia (aunque está en pausa, sigue adelante); comencé un proyecto de 365 con una cámara de fotografía instantánea que empezó siendo una reflexión sobre el instante fotográfico y ha ido evolucionando cada mes con un nuevo referente; sigo trabajando en un proyecto con Adela que consiste en una conversación a través de imágenes por instagram; viajamos a Japón en abril de 2017, me compré una contax y un montón de fotolibros y empecé otro proyecto sobre “Hanami” (la festividad en la que los japoneses ven la floración de los cerezos para celebrar el inicio de la primavera); fuimos a un visionado en Photoalicante con el proyecto de las fotos instantáneas; estuve en el festival de la fotografía de Arles, el más importante de europa, si no del mundo, y allí conocí a Yumi Goto, Gabriela Cendoya, y muchas personas más relacionadas con la fotografía y los fotolibros; actualmente estoy seleccionado para un curso con Yumi Goto y Juanan Requena en Getxophoto sobre cómo hacer fotolibros.

Este ha sido mi viaje por la fotografía en el último año y ha sido apasionante. Estoy muy orgulloso de lo que he conseguido durante este año, de lo que he aprendido y del camino que he emprendido.

La fotografía y el viaje (mi viaje por la fotografía)

Isaac rompiendo el hieloÚltimamente me estoy planteando bastante mi relación con la fotografía. Estoy escribiendo la memoria de mi trabajo de fin de máster, que trata sobre la narración de la experiencia a través de la fotografía. Es muy probable que hayáis visto pequeños fragmentos de la obra, pero hasta ahora no había hablado de dónde viene todo ese lío que me he montado con doscientas fotografías, textos y mapas.
En la parte teórica he intentado poner en claro cómo he llegado a este punto, y plantearme por qué fotografío y qué significa para mí pulsar el obturador (qué me hace pulsar el obturador). No voy a copiar y pegar el texto del trabajo porque no creo que sea necesario y porque no está acabado aún, pero sí quería compartir lo que he ido descubriendo durante este máster.
Con los trabajos realizados me he dado cuenta de que fotografío, como muchos otros, para conocerme a mí mismo. Que me interesa la fotografía documental y familiar porque me parece honesta, bonita y me ayuda a mantener el vínculo con los que están lejos. Me gusta fotografiar los viajes porque me ayuda a poner en claro la exploración que he llevado a cabo en los mismos, y a fijar las sensaciones del viaje de alguna manera. Como explica Roland Barthes en “la cámara lúcida”, fotografío aquello que me punza, y al revisar esas fotografías, no solo veo las formas de lo que capturé, sino que recuerdo aquello que me pasaba por la cabeza cuando hice la fotografía.
También he descubierto que me gustan las series de fotografías porque conllevan relaciones invisibles y visibles que hacen que signifiquen mucho más que una sola de ellas, porque abren el campo y añaden matices las unas a las otras. Fotografiar me ayuda a recordar y también a olvidar, a mostrar una visión determinada de mi existencia a los demás y a mi mismo. A contar historias y facilitar procesos personales que no se solucionar de otra manera.
Y vosotros, ¿Por qué fotografiáis?

De la ampliadora a la impresión de fotografías digitales

O cómo decidí que quería ver mi obra en papel en lugar de en pantallas

Cuando empecé a hacer fotografías en serio lo hice con la ayuda de una cámara réflex analógica heredada (secuestrada) que mi padre había comprado allá por los 70-80. Durante los primeros años de la carrera, los carretes los llevaba a revelar al laboratorio, me daban copias de 10×15 y todo iba bien…

Y entonces en tercero, en la asignatura de fotografía, nos enseñaron a revelar carretes y hacer ampliaciones analógicas.

giphy

Pura alquimia. El proceso es complejo, y no creo que sea este el momento de explicarlo (hay mil cursos de fotografía analógica donde lo harían mejor), pero la sensación de satisfacción que se queda al introducir un papel en una cubeta, menearlo un poco y ver cómo aparece nuestra imagen es difícil de describir. Durante ese curso conseguí traerme desde Motril la ampliadora que tenía mi padre y, en un cuarto de baño que “no se usaba” monté un cuarto oscuro para revelar mis fotografías.
Al terminar el curso, no se si al año siguiente o poco después, conseguí una réflex digital, una 350D. Las fotografías, técnicamente, eran mejores, podía hacer más sin gastar tanto dinero en carretes, papel, líquidos y tiempo, pero esa sensación se había perdido un poco. Y así pasaron los años, casi diez ya, en los que, si de las fotografías analógicas había sacado en papel el 70%, de las digitales no tuve en mis manos más del 5% si me apuras. En casa no tenía álbumes de fotografías, todo lo que hacía se quedaba en los discos duros, la pantalla y algunas se subían a redes sociales, flickr o aquí. Había llegado a un punto en el que necesitaba alquimia.

En 2015 hice una selección de todas las fotografías digitales que tenía (20.000 aproximadamente) y escogí unas 2.000 que quería conservar en papel. Con un pendrive lleno de fotos me acerqué a una tienda y, tras tres días saliendo fotos de sus máquinas, me dieron 5 paquetes que yo metí en sendos álbumes que viven en mi estantería desde entonces. Y tuve algo de satisfacción, mucha satisfacción al hacerlo, pero era como cuando llevaba los carretes a revelar y aun me faltaba algo.

Y me puse a mirar impresoras. Soy bastante quisquilloso y no me gustan las cosas que duran cuatro días y no ofrecen satisfacción. En el pasado había sacado alguna foto en “laboratorios/imprentas” que, por utilizar tintas muy baratas, ya no tienen el mismo color que tenían cuando las hice. Tenía claro que quería una impresora de tintas pigmentadas que sacara fotos a un tamaño decente, pero tampoco demasiado grande.

No soy Andreas Gursky

Uno de los motivos principales que justifican la compra es el de poder aprender a imprimir mis propias fotos, además de que, ya que me iba a gastar un buen dinero en sacar las doscientas y pico fotos para el TFM (se me ha ido un poco de las manos, pero bien), bien podía absorber parte del gasto teniendo una herramienta para seguir vendiendo mis fotografías. En el proceso de instalación y primeros pasos con la impresora ya he aprendido cómo hacer perfiles de papel nuevos (gracias a Keith Cooper y su web donde encontré bastante información al respecto). También he comprado papeles a precio de tela de la india bordada en oro, que por otro lado tiene la misma apariencia cuando imprimes una buena foto, todo hay que decirlo.

Y ha vuelto la magia, vuelvo a sentir esa sensación de satisfacción cuando le doy al botón de imprimir y la impresora traga papel y va saliendo la fotografía poco a poco.

Posdata: Tengo una tienda para que los que viven en España puedan comprar mis fotografías. De momento, como no me he hecho asquerosamente famoso ni estoy muy sobrado, tienen unos precios asequibles para hacer un regalo o para colgarlas en vuestra propia casa si os gustan.

Memorias pausadas o el sofá interruptor

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Memorias Pausadas es un proyecto de videoarte que realicé dentro del máster en producción y gestión artística en el que estoy. Esta obra pretende ser una reflexión acerca de la atención del espectador para con la obra, concretamente cuando se trata de obras audiovisuales. Los vídeos, proyecciones y demás recursos expositivos temporales suelen caracterizarse por una independencia del espectador, siendo este un actor secundario en el desarrollo de la obra. En la mayor parte de los casos, cuando encontramos un vídeo con unos cascos, podemos verlo un rato y si nos interesa, quedarnos de pie hasta que acabe, pero si seguimos nuestro camino, el vídeo no se para, no existe una interacción entre espectador y obra.  Con Memorias pausadas pretendo dar algo más de poder al espectador sobre la obra, haciendo que su atención sirva de algo y que el vídeo no quede hablando al vacío de la sala.
La instalación consiste en un sofá que modifiqué para hacer que, al sentarse en él, se activara la reproducción de unas entrevistas sobre la vida y los recuerdos de mis abuelos. Además del sofá, se ha utilizado una placa MakeyMakey y el programa Processing para la parte de código e interacción con el vídeo.

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Conferencia de Ricky Dávila: Fotografía y Visión personal.

La podéis ver en tvum

En su conferencia del día 21 de Abril de 2016, Ricky Dávila habló sobre fotografía, viajes y cómo enfrentarse a proyectos personales (o al menos cómo lo hace él). Mostró sus proyectos fotográficos sobre Manila, sus reportajes de 1990-2000 y algunas fotografías de su último trabajo a medio camino entre fotografía y poesía titulado “Todas las cosas del mundo”. Su fotografía es eminentemente documental y recuerda a la de García Alix, William Klein y en algunos casos a Bruce Gilden, aunque como él mismo dice en la conferencia, es un documental subjetivo.
Hace poco leía un libro sobre un estilo o género narrativo japonés llamado Shishosetsu, traducido al español como yo-novela, aunque la traducción del término deja mucho que desear. En el libro, titulado “The rethoric of confession”, Edward Fowler explica en qué consiste el estilo, una especie de narración autobiográfica de ficción, pero que no deja de tener relación con la vida del autor. Durante la conferencia, no dejaba de venirme a la cabeza esta referencia, sobre todo cuando Ricky Dávila mencionó la idea del documental subjetivo, idea a la que me suscribo. Como Dávila, no creo que exista la fotografía documental objetiva, ya que cada uno escoge qué encuadrar y cómo hacerlo. Cada uno narra su propia experiencia documental y es el espectador de la misma el que debe contrastar y poner distancia para “intentar” conseguir algo de objetividad.

Taller con Pepe Miralles

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Durante los días 14, 15 y 16 de Marzo tuvo lugar en la facultad de Bellas Artes de la UM, dentro de las actividades del Máster en gestión y producción artística que estoy realizando, un taller con el artista y profesor de la UPV Pepe Miralles. El taller, de nombre “Prácticas activistas (posiblemente en extinción) de las últimas décadas del siglo XX”, comenzó tratando las prácticas de grupos como Act Up, aunque pronto surgieron temáticas relacionadas con la facultad y una acción llevada a cabo por alumnos de máster sobre una pared que la facultad había ofrecido a los alumnos de la facultad para ser intervenida a discreción. El segundo día del taller se habló de los “ombligos ontológicos” y la necesidad de una presencia en la red que sea consecuente con la obra y el propio artista. Durante el tercer día del taller, los alumnos del máster compartimos los proyectos que llevamos a cabo y nuestras líneas de investigación, generando una discusión a partir de los mismos.

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