Pedro

Pedro era un muchacho normal, había estudiado en varias escuelas del país a lo largo de su infancia, debido a los traslados en el trabajo de sus padres. Cada nuevo destino implicaba unas nuevas amistades y con el paso del tiempo Pedro se había convertido en un experto en conocer gente nueva rápidamente. Ahora tenía 19 años y había decidido alistarse en el ejército por lo del ataque myreano. Caminaba por aquella enorme base militar buscando la oficina del comandante para presentarse en su primer día cuando vio una chica de pelo clarísimo sentada junto a una enorme nave negra.Pedro se quedó parado en medio del camino a 20 metros de la muchacha. La muchacha berreaba insultando a las diferentes piezas del motor y mandando callar a una tal Lola mientras cogía una herramienta tras otra de la caja metálica que tenía a su lado. De vez en cuando sacaba de la caja una petaca y echaba un trago. Debería tener unos 21 o 22 años, pensó Pedro, y tenía buen cuerpo. De repente una mano aterrizó en el hombro de Pedro con un golpe seco.

-Se lo que estás pensando y no me parece que le haga gracia -dijo el pakeh con una leve sonrisa en la cara – ¡Eh! ¡Frasin, ven aquí!-

El pakeh le tenía bien agarrado del hombro así que no podía escapar, de repente tenía un poco de miedo de conocer a la chica. Frasin giró la cabeza y miró a Pedro y al pakeh de reojo, se levantó. Con una llave inglesa enorme en la mano se acercó a ellos.

– ¿Qué?- dijo la chica.

-Este es Pedro- dijo el pakeh- Pedro, esta es Frasin. ¿Puedes darle un paseo al chaval por la base para que la conozca mejor?-

-Estaba arreglando la ANN, que está Lola como para reventarla a palos, todo por dos roces- dijo Frasin.

El pakeh “miró” a la chica fijamente (recordemos que los pakeh no tienen ojos) y ella puso una cara extraña entre enfado y risa. Fue hasta la caja de herramientas, dejó la llave inglesa gigante y volvió a donde estaban Pedro y el pakeh.

-Vamos chaval- dijo Frasin mientras pasaba por su lado a grandes zancadas. Pedro cogió su mochila del suelo, saludó levemente al pakeh y salió corriendo para alcanzar a la chica. De repente toda la experiencia en hacer amigos nuevos parecía haberse esfumado. Tartamudeando consiguió preguntarle qué hacía en la base.

-Pues… soy piloto, de la nave negra que estaba destripando, es mía, no del ejército, mía. Bueno, de mi abuelo, la hizo él, pero me la regaló hace años, y claro, algunas cosas con el tiempo cascan-dijo Frasin.

-¡¿Tu abuelo es Atomsk?!- gritó Pedro a un volumen mayor al que habría deseado.

-Sí, mi abuelo es Atomsk, ¿Y qué?- dijo Frasin- mira que como te pongas tonto te das el paseo tú solo-

Pedro se calló de inmediato, no le gustaba la idea de tener que buscar la oficina solo en un lugar tan grande.

-¿Y tú a qué has venido aquí?- preguntó Frasin.

-¿eh? ah, sí, soy mecánico, me gusta arreglar naves y cosas por el estilo. Mis padres se pasan la vida de acá para allá, con sus traslados y mierdas, y quería quedarme en un sitio más o menos fijo…-

-vale, vale, con lo de “soy mecánico” sobraba- le interrumpió Frasin- Supongo que buscas la oficina para presentarte en el primer día, porque apestas a nuevo un montón-

-si, gracias por el paseo, si no llega a ser por ti…-

-dirás si no llega a ser por Eun Ha, que el cabrón ya me las pagará, ya… Eun Ha es el pakeh que nos ha liado en esto- dijo Frasin- bueno, ahí está la oficina, pásalo bien-

Frasin señaló una pequeña caseta junto a los hangares de los destructores de batalla, naves que cargan con todo el resto de naves de la flota para viajes largos. Dió un toquecito en el hombro a Pedro y volvió por donde habían venido.

-¡Si necesitas algo no me avises!¡Llama a Eun Ha y le das el coñazo a él!- gritó la chica sin girarse siquiera.

-¡Gracias!- gritó Pedro. Frasin levantó la mano como diciendo “de nada”. Pedro entró en la oficina y entregó la hoja de ingreso en la base. El oficial miró la hoja, se le escapó una leve sonrisa.

-Ya que vienes con unas buenas recomendaciones te voy a mandar a un destino especial- dijo el comandante- Vas a ser el mecánico exclusivo de la ANN. Está en el hangar 23, o debería. Preséntese a la piloto Frasin para que te diga lo que necesita-

-Señor, sí, señor- dijo Pedro, cuadrándose ante el comandante. Sintió miedo, un miedo profundo… y punzadas en la barriga.

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