Than nothing, than flowers

Esta entrada trata sobre la fabricación y publicación de mi libro de fotografía que podéis comprar aquí (aunque llamarlo libro de artista sería una definición algo más acertada). Creo que este es el proyecto que he realizado con más rapidez de todos los que he hecho, aunque no creo que por ello haya perdido calidad, ya que el proceso ha sido algo bastante fluido desde el inicio; y por ahí empezaré el texto.

Basho:

木のもとに
汁も膾も
桜かな
Underneath the trees
soups and salads are buried
in cherry blossoms

En abril de 2017 viajé a Japón. En un principio se planteó como un viaje de vacaciones para disfrutar del lugar, ver monumentos, comer (COMER) y hacer algunas fotos para el álbum familiar. El problema es que me gusta la fotografía bastante (incluso mucho), y mirando lugares a los que ir, empecé a mirar también librerías donde comprar fotolibros, tiendas de cámaras de segunda mano y museos y galerías relacionados con la imagen fotográfica. Como quería tener suficiente información al respecto decidí, en un alarde de ingenio y valentía, mandar un mensaje a Gabriela Cendoya, de quien sabía más bien poco en ese momento, aparte de que era una ávida coleccionista de fotolibros y que, por lo tanto, algo debía saber al respecto. Después de contarle lo que había planeado (solo para Tokyo) me dijo que probablemente tenía más información sobre librerías de Japón que ella, y que en los fotolibros, como en todo en la vida, la cosa va por gustos, que mirara y me llevara los que me interesaran a mi, que para eso era el que los iba a comprar y disfrutar. Parece que me estoy desviando del tema, pero no, todo tiene una relación. Gabriela me puso en contacto con Ricardo Garrido, que vive en Tokyo, para que me informara sobre lugares que podían ser interesantes, y Ricardo me recomendó visitar el TOP Museum y me dijo que había un lugar llamado Reminders Photography Stronghold, que llevaba una tal Yumi Goto, que era muy interesante. En aquel momento no le di mucha importancia a esta información. Busqué dónde se encontraba la galería de Yumi Goto y lo apunté en el mapa que habíamos creado para cada una de las ciudades que íbamos a visitar. Una vez en Tokyo, por unos y otros motivos (siendo el principal la extensión de la ciudad y el secundario el tiempo limitado del que disponíamos) no llegamos a visitar la casa de Yumi.

Durante los primeros días del viaje, en Kyoto, compré una cámara analógica excelente, que Adela apodó C3PO, por ser dorada y negra, como el robot de Star Wars. Con esa cámara y la digital compacta que llevamos realizamos muchas fotografías durante todo el viaje. Comprar la cámara y hacer muchísimas fotos con ella (13 carretes o 450 fotos aproximadamente) no fue fruto de la casualidad. Había un plan premeditado de comprar una cámara compacta analógica y hacer una serie de fotos con la intención de hacer algo, un proyecto, una serie, un algo, sobre Japón. A lo largo del viaje la idea de lo que fotografiar con la analógica fue tomando más forma, buscando imágenes de los cerezos en flor (ya que era la temporada alta del hanami y pudimos ver todos los estados de los cerezos desde recién florecidos a casi vacíos de flores), haciendo fotos a gente en el metro y trenes y más o menos buscando un vínculo entre las dos cosas.

También fuimos guardando folletos, papeles, tarjetas y pequeñas revistas con la intención de escanearlas y hacer algo con ellos. Con las fotos reveladas y una idea más o menos de lo que quería contar, que era sobre la celebración de la floración de los cerezos (hanami), fui haciendo distintas ediciones de las imágenes, con más o menos fortuna y más o menos cohesión. También empecé a investigar sobre la celebración y los significados que tiene en japón, y lo que veía en las imágenes que tenía. La primera selección que hice y más o menos secuencié estaba relacionada con el paso del tiempo en la vida, con la fugacidad y el “mono no aware” (este concepto es importante). Un poco instintivamente empecé a probar cosas con las imágenes, como pintar con acuarelas y colores rosados sobre ellas, hacer origami de flores con ellas y buscar formas de trasladar esa sensación a las fotografías (o buscar las fotos que mejor lo transmitieran).

La primera versión del proyecto, por probar, la envié a un concurso de PDF del festival de fotografía de Arles, en Francia. Poco antes de ir a Japón también habíamos planificado la visita a la semana de apertura del festival, y aunque no me dio tiempo a llevar las fotos para ningún visionado oficial o extraoficial, allí me planté (al final solo porque Adela trabajaba) para ver qué se hacía y qué se iba a hacer en la fotografía este año. El festival de Arles, por cierto, fue en los primeros días de julio. Antes de eso había visto que en Getxophoto, otro festival que se organiza en Bilbao (en Getxo), habían preparado un curso de realización de fotolibros con Yumi Goto y Juanan Requena. Para ser seleccionado para el curso había que mandar un proyecto en el que se fuera a trabajar durante el taller, y yo mandé una pequeña selección de las fotos de Japón (la segunda o la tercera que hacía) y una breve descripción de lo que pretendía contar con las imágenes.

Volvemos a Arles, julio de 2017. En un principio iba a ir el martes por la mañana y llegaría por la tarde, pero vi en el programa que el martes había una charla sobre fotolibros impartida entre otros por Yumi Goto. A las 3 de la tarde del lunes (aproximadamente), salí de Murcia y 11 horas y muchos peajes después llegué a Arles. Durante la charla, que fue muy interesante, coincidió que estaba sentado junto a Yoshiko Mogi, Miyuki Okuyama (ganadora del premio a mejor maqueta en Cortana on the move), Mayumi Suzuki, Kenji Chiga y Miki Hasegawa, que habían participado en cursos previos de Yumi, que llevaban cada una su maqueta bajo el brazo (figuradamente).

Tras la charla me acerqué a Yumi y me presenté, le dije que estaba trabajando en un proyecto sobre el Hanami y Japón, y me miró con cara un poco rara, como diciendo “no sabes dónde te has metido”. Charlamos un rato mientras le explicaba lo que pretendía contar y lo que sabía sobre la celebración. Me dijo que el hanami es algo más profundo que simplemente la celebración de la primavera en la que los japoneses salen a los parques a comer y beber, que, por decirlo llanamente, me estaba metiendo en un berenjenal importante, pero que le gustaría saber más y ver a dónde llegaba. Durante el resto de días del festival nos encontramos un par de veces más y pude ver algunas de las maquetas o libros de artista que había traído. El nivel de cuidado que tenían todas ellas era impresionante, y estaba decidido a sacar el máximo partido posible del taller de Getxo, si me cogían (en Arles aún no había terminado el plazo de presentación). Yumi me dijo que no me preocupara por eso, y me presentó a Arimasa, que también se había apuntado al taller, y estaba haciendo un proyecto sobre su relación con su novia, que había muerto de cáncer hacía pocos años. Y también me encontré con Juanan Requena, el último día vino a cenar con nosotros y le dije que estaba apuntado al taller. Al volver a Murcia vi que había sido seleccionado para el taller, así que me puse a preparar todo el material que nos habían pedido para los primeros días del curso y a buscar dónde quedarme en Bilbao.

Durante el verano, aproveché la visita a la familia para hacer unas cuantas fotografías más a cerezos agitados por el viento, ya sin flores. En Murcia estuve haciendo pruebas con cerezas, poniéndolas en recipientes, viendo cómo se iban descomponiendo, y leyendo la Novela de Genji, de Murasaki Shibiku, de donde saqué uno de los textos incluido en el libro. El otro texto lo encontré buscando haikus sobre hanami y sobre cerezos, y tenía otros textos seleccionados que al final no aparecen en el libro pero que hablaban de lo mismo, del paso del tiempo, de la fugacidad de la primavera (y de la juventud) y de los cerezos. Otra prueba que hice fue colocar las flores de origami con la forma del mapa de japón, y hacer pétalos de color rosa, emulando las flores de cerezo, para hacer otro mapa de japón que fui soplando poco a poco en una serie de fotografías. También había encontrado, en la página de la biblioteca del congreso de los EEUU (www.loc.gov) una serie de ilustraciones de flores de cerezo y de grabados sobre Hanami, todos libres para su publicación y uso. A finales de agosto, fui a Bilbao con la maleta cargada de las fotos que había sacado para la primera sesión del taller y el disco duro lleno de todas las fotos que había hecho en el viaje y para el proyecto, tanto analógicas como digitales.

En este momento tenía dos líneas más o menos definidas dentro de las fotos. Una línea que consistía en imágenes de los cerezos, de pétalos y de la gente celebrando, y otra línea de fotografías de personas en el metro y los trenes en las que el color rosa pálido y los motivos de flores se habían utilizado como “disparador”; y aparte de esto tenía todos los elementos escaneados del viaje. Durante la primera sesión pusimos todas las imágenes que habíamos seleccionado en la pared (una selección amplia en mi caso, ya que la línea exacta de las imágenes estaba algo difusa).

Después de esto y de explicar las imágenes y lo que queríamos contar cada uno, pasamos a una sesión de comentarios sobre el trabajo de los compañeros, y gracias a ellos me dí cuenta de que había una gran dispersión dentro de la selección, que había imágenes que eran demasiado explícitas y que se salían del concepto de “mono no aware”, que era el hilo principal que había decidido (y que más aparecía durante la preparación del proyecto). También había imágenes que tenía en el disco duro que había realizado con la compacta digital (y que en un primer momento consideraba como “inferiores”). Con la ayuda de Yumi y Arimasa pude ir quitando las imágenes que se perdían más del concepto teniendo en cuenta un público japonés, que era algo que quería tener muy en cuenta para no hacer un trabajo irrespetuoso o chabacano sobre el tema, desde mi punto de vista (y confirmado por Yumi), tenía que ser algo sutil, pero claro. En la claridad me vino muy bien el consejo de Juanan, que me ayudó a ver las fotografías que eran poco claras, en las que había ruido y sobraban cosas que sacaban del concepto al espectador externo.

Ahora tenía una selección mucho más pequeña que al principio, la pared casi vacía, y con esto comenzó una nueva búsqueda entre las imágenes descartadas previamente en el disco duro, buscando fotografías más acorde con esta última selección que fueran fieles al concepto. Daba igual en este momento la calidad o la procedencia, servirían para orientar la primera maqueta en papel y delimitar un poco la narración del libro. Con el disco revisado, Yumi fue pasando por los ordenadores de cada uno, ayudando con la edición y aportando su punto de vista teniendo en cuenta el concepto. Con la selección que hicimos, yo tenía un poco de miedo de tener muchas fotos muy parecidas, pero Yumi insistía en que no me preocupara, que fuera preparando la maqueta en papel con esa selección para ver lo que salía y empezar después a depurarla en indesign.

Selección previa a la maqueta en papel

Durante el fin de semana hicimos una maqueta en papel, pegando las fotografías y ordenando la secuencia de imágenes que teníamos para contar nuestra idea. Hacer esto nos ayudaba a ver la fluidez de las imágenes, a hacernos una idea del tamaño y del contraste entre unas imágenes y otras, así como a ordenar mejor y ver dónde podían faltar imágenes y dónde había que quitar. Con las fotos en la pared como se ven en la imagen fue donde me dí cuenta de que había una serie de similitudes entre algunas fotografías y los grabados de hace más de 100 años que había encontrado, y tenía que explorarlo de alguna forma en el libro.

Tras la maqueta en papel, hubo una sesión de puesta en común y fuimos recibiendo ideas de Yumi, Juanan y el resto de compañeros.  A la primera maqueta que había hecho le sobraban un poco ciertos contrastes que había en la secuencia, cortes bruscos en las imágenes que cambiaban el registro de lo que se estaba contando. Yumi me dijo que tenía que utilizar la repetición de las imágenes a mi favor, utilizando imágenes similares con pequeños cambios para hablar del estado transitorio de las cosas. Giancarlo Shibayama, que estaba allí como ayudante de Yumi, me explicó que en el libro que él estaba preparando, las imágenes, al estar dobladas al estilo tradicional japonés, con el doblez hacia fuera, quedaban en contacto con la página anterior y la siguiente, algo que no me había planteado hasta entonces, pero que para la narración del libro hacía muy bien de puente y ayudaba a aportar fluidez al hilo de imágenes. Poco a poco la secuencia de imágenes se iba aclarando, y empecé a trabajar en la maqueta de indesign teniendo en cuenta cómo iba a componer finalmente el libro. El formato final elegido no podía ser muy grande, o se perdería la concreción de las imágenes que hablaban de una idea hasta cierto punto pequeña. Pensé que algo que pudiera imprimir en un A4 sería lo suficientemente grande para la idea que tenía, y también empecé a pensar en el papel que quería usar.

Durante una de las sesiones del taller fuimos a la librería Goya de Bilbao a ver papeles y materiales para las maquetas finales. Allí pregunté si tenían papel de 50 o 60 gramos, para que al doblarlo no fuera demasiado grueso y, a la vez, tuviera una cierta transparencia. También busqué entre los papeles japoneses que tenían para otra idea que tenía para aportar otra capa que tratara la idea de la fragilidad y fugacidad de la vida. La intención era cubrir ciertas imágenes del libro para que tuvieran una especie de pétalo que no permitiera ver del todo la foto. En otras imágenes se utilizó la transparencia para hacer que fueran desapareciendo. Hice una maqueta en papel normal, todavía sin el título final en mente. Quería ver la secuencia en su formato más o menos final y coserlo para ver cómo funcionaba el papel japonés.

Después de esta maqueta vino lo más difícil, buscar el título.  Accross the trees (gracias Juanan), volver del viento, volver, terminar, viaje, viento, final tránsito, cambios, pétalos, rosa, nothing you can see, nothing in the trees, la velocidad del viento, nothing in the wind, pétalos madera hojas, pétalos hojas madera, spring again, spring morning sun, than the stars, than the flowers, Than nothing, than the flowers. Entre las primeras ideas de título y la última pasó mucho tiempo, pensando en todo lo que quería contar pero no quería explicar con texto en el libro. El título final del libro es un juego de palabras con la frase japonesa “que las estrellas, que las flores” (星よりも、花よりも Hoshi Yori mo, Hana Yori mo, sugerida por Yumi) que se refiere a algo más bello que las estrellas y las flores, y en el caso del libro, “than nothing” (que nada) sería el estado del cerezo cuando aun no hay flores ni hojas, sino solo madera, un estado de futuro, que es el potencial de todos los demás estados de la vida.

 

El libro empieza con fotos de cerezos en flor y acaba con una rama de ciruelo sin flores ni hojas. Había pensado cambiar las fotografías finales por ramas de cerezo en un principio, pero mientras investigaba sobre la celebración del hanami encontré que, inicialmente, se celebraba en febrero con el florecimiento de los ciruelos, pero el buen tiempo de la época de floración de los cerezos y el hecho de que las flores cayeran del árbol por completo les hizo más populares para las masas. La flor del ciruelo quedaba en el árbol y no tenía las mismas implicaciones en cuanto a la transitoriedad y la impermanencia. Con la idea de unir el pasado con el presente, decidí dejar la rama de ciruelo como colofón del libro. El último día del taller pude hacer dos maquetas, coserlas y que Yumi se llevara una para su biblioteca en Tokyo, que es diferente a la que yo me quedé en algunos aspectos y que numeré con 0 de 85.

 

Genji Monogatari:

«Apresuraos si queréis ver los cerezos de las montañas en flor, no sea que los vientos los visiten antes».
宮人に行きて語らむ山桜 風よりさきに来ても見るべく」
“Hurry up if you want to see the blooming cherry trees in the mountains, for the winds may visit them before you”

Pocos meses separan el florecimiento de los cerezos de las tormentas de otoño que destruyen sus flores… ¡He aquí el tiempo que pensarás en mí!
嵐吹く尾の上の桜散らぬ間を 心とめけるほどのはかなさ
Little time separates the cherry blossoms from the fall storms that destroy their flowers… That is the time you will think of me!

¿Por qué hacer 85 copias? Buscando un número significativo para mi o para el proyecto, dado que hablaba de la vida, de ciclos, del tiempo que no volverá, decidí utilizar el año de mi nacimiento para marcar el número de libros que haría, marcando un momento que no volverá. Ahora que he empezado la producción he hecho algunos cambios en el producto final, que en la maqueta final quedaban algo confusos, pero que he compensado con otras pequeñas sorpresas.

Creo que con esto y con la ficha técnica queda todo bastante claro.

Ficha técnica:

 

“Than nothing, than flowers”
110 páginas
Cosido japonés a mano
Septiembre 2017,
Ediciones: 85
Tamaño: 195mm x 148mm x 15mm
Precio: 65€ más gastos de envío
Fotografías/Cosido/Traducción: Isaac Rupérez Cano
Textos: Basho y Murasaki Shibiku
Grabados en madera de la colección de impresiones pre-1915 encontrada en loc.gov
Idioma: Inglés y Japonés
Hecho en el contexto del taller Photobook as an Object en Bilbao, impartido por Yumi Goto y Juanan Requena en agosto de 2017

Mis compañeros del curso de Getxophoto:

Pablo, Juanan, Tere, Yo, Arimasa, Amaia, Diego, Yumi, Marco y Giancarlo (falta Sonia)

la maqueta de “libro” de Pablo

Sistema japonés para sortear el orden de las intervenciones

 

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